La envidia refleja la preocupación por la vida de los demás y la forma cómo se descuida la propia.

Porque aparece la envidia, cuál es su intencionalidad?. La envidia como síntoma es evidentemente dolorosa pero es probable que, al mismo tiempo, este protegiendo de un dolor más profundo, asociado con la necesidad de reconocer y afrontar las realidades fundamentales del destino. La envidia puede absorber el dolor que llevamos dentro en un afán de no reconocer quienes somos y cuál es nuestro pasado, de no sentir la tristeza y el vacío interior.

Si en la envidia la persona lamenta que su vida no sea mejor, entonces quizá sea buena idea sentir profundamente el vacío interior. Los deseos (hacia los demás, hacia lo que estos poseen…) pueden ser triviales instrumentos de represión, que llaman la atención sobre posibilidades superficiales y nada realistas como defensa contra el vacío, que es tan doloroso. Como síntoma, la envidia mantiene la vida a una distancia segura; como invitación para el alma (que tiene en cuenta la responsabilidad de la propia situación), la envidia ofrece maneras de adentrarse en le propio corazón, allí donde es posible recuperar el amor y el apego.

La envidia nos pide que nos hundamos más profundamente en el alma, mas allá de las ideas de salud y felicidad, en el seno del misterio. En última instancia, esta inquietante emoción nos puede abrir el camino hacia una vida vivida con más profundidad, madurez y flexibilidad. El sufrimiento que provoca la envidia solo puede ser aliviado por una mayor sensibilidad hacia nosotros mismos y nuestro vacío, se inicia así un avance hacia una mayor espiritualidad.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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