El ser no sabe de dogmas, de idearios ni de religiones.

Valerse por sí mismo nada tiene que ver con la insociabilidad. Recogerse no es aislarse, pero nuestra civilización hiperactiva desconoce qué es el recogerse. Ese es su drama, esa es la patología de la normalidad. Recogerse no es vegetar, sino soltar presa de los condicionamientos, liberarse de las programaciones, hacer un hueco, un vacío en sí mismo, descargarse del lastre del sentido común.

Si me extravío del interior maestro, vibra su reclamo. Puede hacerlo en forma de angustia, de ansiedad o de depresión, pero el Espíritu sigue ahí, pacientemente ahí, amorosamente ahí, como si necesitara hacer una experiencia humana en mí, para, de ese modo, expandirse en el mundo.

Vívelo, “no pierdas el tiempo”. Expirar en cada respiración como muerte del falso yo. Y en ese hecho prodigioso que es el respirar, donde la voluntad no entra, poder comprobar la liberación des-obstructora -pues de romper la obstrucción del yo se trata- que late en el milagro del hecho de respirar. La necesaria expiración del ego como acceso al amoroso Único.

Es una tragedia vivir fragmentado, continuar aferrado a “la que hay”, sin atisbar la Totalidad que hay detrás de lo que veo, reprimiendo lo que palpita en el corazón de los instantes de la vida. Esta invita a salir de la memoria, a saber perder el tiempo para vivir fuera del tiempo.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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