Cuando nos sentimos encerrados en nosotros mismos, resentidos, faltos de armonía, es que hemos cambiado a una naturaleza distinta y hemos caído muy lejos del alma. La creación de alma puede convertirse en un proceso dirigido por nosotros mismos mediante los reflejos estéticos. 

Seguir las señales de la belleza y de la fealdad es un modo de imaginar la individuación, un modo de crear alma, un modo de ver la belleza como verdad. Si sabemos seguir y distinguir las señales suscitadas por los reflejos estéticos en los afectos del corazón, entonces podemos percibir cuándo cambiamos de naturaleza, cuando nos abandonamos y comenzamos a crear enfermedad.

El juicio estético surge de manera espontánea, como un movimiento del corazón. El sentido estético percibe la forma de las cosas, aprehendiendo el aspecto concreto de cada suceso, mostrando la naturaleza que se refleja en su rostro. Nuestra respuesta estética individual es el perro guardián contra el diablo que se cuela en nuestras vidas cuando menos lo esperamos, camuflado en los disfraces más convencionales (ahí están el formalismo burocrático, la tediosa rutina cotidiana, la homogeneidad, el aburrimiento. la corrección, las generalizaciones, la uniformidad…el pensamiento nulo y la nula receptividad).

El reflejo estético conmueve nuestro corazón, no es sólo esteticismo desinteresado, es nuestra propia supervivencia. Cuando estamos aburridos, hastiados, an-estesiados, estas emociones de desolación constituyen precisamente las reacciones del corazón a la vida anestésica de nuestra civilización, a los sucesos que no nos dejan sin aliento, que son mera banalidad. Lo feo es entonces todo aquello de lo que no nos damos cuenta, aquello que simplemente nos aburre, pues eso es lo que mata el corazón.

 

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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