Podemos definir un arquetipo como un principio o una fuerza universal que afecta -impulsa, estructura, impregna- la psique humana y el mundo de la experiencia humana en distintos niveles.

Podemos imaginar los arquetipos como los esquemas más profundos del funcionamiento psíquico: las raíces del alma que condicionan nuestra visión de nosotros mismos y del mundo. Son las imágenes axiomáticas y evidentes a las que siempre regresa nuestra vida psíquica y nuestras teorías sobre ella.

Recogiendo a Platón , los arquetipos son esencias absolutas que trascienden el mundo empírico pero que dan al mundo su forma y su sentido. Son universales intemporales que sirven como realidad fundamental que informa todo particular concreto. Algo es bello precisamente en la medida que el arquetipo belleza está presente en ello . O, desde otro punto de vista, podría describirse algo como bello precisamente en la medida en que participa del arquetipo de la belleza.

Con la psicologia profunda, es posible abordar los arquetipos como instintos primordiales que impulsan y estructuran los procesos biológicos y psicológicos (Freud). O, con Jung, como principios formales fundamentales de la psique humana, expresiones universales de un inconsciente colectivo.

Hay una cosa esencial para la noción de arquetipo: su efecto posesivo emocional, su deslumbramiento de la conciencia, que impide ver su propia actitud. Al crear un universo que tiende a dominar todo lo que hacemos, vemos y decimos en el ámbito de su cosmos, un arquetipo es más comparable con un dios. Y los dioses, dicen a veces las religiones, son menos accesibles a los sentidos y al intelecto que a la visión imaginativa y a la emoción del alma.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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