Somos impresiones dejadas por algo que estuvo aquí. Hemos sido creados, moldeados, formados por una desconcertante matriz de contingencias que nos han precedido. De la configuración del ADN derivado de nuestros padres a la detonación de cien billones de neuronas en nuestro cerebro, al condicionamiento cultural e histórico, a la educación y formación que nos han dado, a todas las experiencias que hemos tenido y las decisiones que hemos tomado: todo ha conspirado para configurar la trayectoria única que culmina en el momento presente. Lo que existe aquí y ahora es la impresión irrepetible dejada por todo esto, a lo que llamamos “yo”. Pero esta imagen es tan vivida y asombrosa que confundimos lo que es una mera impresión con algo que existe independientemente de lo que lo formó.

De manera que, ¿qué somos sino la historia que seguimos repitiendo, modificando, censurando y embelleciendo en nuestra cabeza?. El “yo” no es como el héroe de una película del montón al que no le afectan las tormentas de pasión e intriga que bullen en torno él desde los títulos hasta el final. El “yose parece más a los personajes complejos y ambiguos que aparecen, se desarrollan y sufren a lo largo de las páginas de una novela. No me parezco en absoluto a una cosa. Soy más como el despliegue de una narrativa.

Cuando tomamos conciencia de todo esto, podemos empezar a asumir una responsabilidad mayor por el rumbo de nuestra vida. En vez de aferrarnos a la conducta y las rutinas habituales para afianzar la sensación de “yo”, percibimos la libertad para crear a quienes somos. En vez de ser hechizados por impresiones, empezamos a crearlas. En vez de tomarnos tan en serio, descubrimos la ironía juguetona de una historia que nunca antes ha sido contada de esta manera.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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