Abrirnos al amor de otra persona nos ayuda a degustar el sabor de estar completamente presentes y despiertos, y la posibilidad de acceder al amplio espectro de los recursos que dimanan de la profundidad de nuestro ser. Enamorarse es un acto de gracia que despierta nuestras potencialidades latentes. Hay quienes consideran al enamoramiento como una forma de ilusión o de psicosis temporal, pero ello sólo es cierto cuando creemos que nuestra pareja es la fuente de esas cualidades y concluimos erróneamente que el otro está dándonos algo que en realidad ya es nuestro.

A propósito de esto los sufíes establecen una interesante distinción entre “estados” y “estaciones”. Un ”estado» es un momento de acceso provisional a una cualidad humana esencial (como la vitalidad, la alegría, la fuerza o la amabilidad) que aparece y se desvanece de manera espontánea más allá de nuestra capacidad de invocarla o mantenerla. En cambio, una “estación”, consiste en la integración de esa misma cualidad esencial a la que, en consecuencia, podemos acceder de continuo siempre que lo necesitemos.

Durante el estado provisional de gracia que acompaña al enamoramiento podemos experimentar el estado de amor y presencia, pero todavía no estamos instalados en la estación del amor y la presencia. Así, si bien ya podemos vislumbrar el oro de nuestra auténtica naturaleza, todavía no podemos acceder plenamente a él, porque aún se halla mezclado con la ganga de nuestras pautas condicionadas. Para que el amor (o cualquier otra cualidad de nuestro ser esencial) deje de ser un estado pasajero y se convierta en una estación debemos estar dispuestos a emprender el necesario proceso de purificación que acabe separando el oro de la ganga. Este proceso es, precisamente, el viaje del amor consciente.

 

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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