Callar no es un acto de desprecio a la palabra, todo lo contrario: solo callando aprendemos el verdadero valor de la palabra. Si algo sobreabunda, pierde su valor. Así sucede con las palabras, que con facilidad pueden deslizarse por la pendiente de la palabrería, tergiversando su sentido e intención. No se puede ser una persona espiritual y, al mismo tiempo, ser un charlatán. El silencio es el espacio interior en el que nacen las palabras. Sin ese espacio, las palabras no son sino pompas de jabón que quedan en nada o, peor aún, piedras con que se va sepultando el alma.

Una palabra oportuna es un don incomparable: nos ayuda a comprender la realidad y a ahondar en su misterio. Una palabra inoportuna, en cambio, amenaza la realidad, pudiendo llegar a matarla. Revisa las palabras que tienes dentro. Comprueba si te limpian o te ensucian, si te elevan o te abajan. Purifica tus palabras enfermas o equivocadas con un mantra o palabra sagrada. Testa las palabras conforme te vayan llegando, quédate con las buenas y desecha las malas. Busca la palabra que eres y descubre que esa palabra es.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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