La vergüenza que nos producen nuestras propias fantasías da testimonio de su importancia. Dicha vergüenza se denomina profesionalmente “resistencia”; pero, qué función desempeña la resistencia?. Yo me resisto a hablar de mis sueños diurnos, de mis odios más extremados, de mis anhelos, de mis miedos y de sus incontrolables imágenes. Mis fantasías son como heridas; revelan mi patología. La resistencia me protege. Las fantasías son incompatibles con mi Yo habitual, debido a que son incontrolables y “fantásticas” (es decir que carecen de la relación con la realidad del Yo), las sentimos como extrañas a nosotros.

No nos sentimos incomodados por la voluntad ni por la inteligencia; de hecho exhibimos orgullosamente sus logros. Pero tendemos a mantener una cierta distancia con respecto a lo que engendra nuestra imaginación. La imaginación es un mundo interno, no en el sentido espacial, sino en la vertiente interna de la consciencia, incorporada a nosotros, esotérica. Las afecciones y fantasías son el aspecto imaginal o inconsciente de todo lo que pensamos y hacemos. Esta parte del alma que guardamos para nosotros mismos es fundamental para el análisis, para la confesión, para la plegaria, central entre los amantes y los amigos, básica en la obra de arte, imprescindible para saber lo que nosotros entendemos por “decir la verdad” y esencial para nuestro destino.

Lo que encierra el mundo imaginal no son sólo imágenes e ideas, son también partículas vivientes del alma. Cuando hablan en voz alta, una parte del alma se va con ellas. Cuando contamos nuestra historia, ponemos el alma al descubierto. La vergüenza que sentimos no es tanto por el contenido de la fantasía cuanto por el hecho mismo de la existencia de la fantasía, porque la revelación de la imaginación es la revelación del espíritu incontrolable y espontáneo, de una parte inmortal y divina del alma.

En su sustrato transpersonal, nuestras fantasías aun cuando se personalicen en nuestras vidas y lleven a nuestras personalidades a escenificar elementos míticos, pueden llegar a ser extrañas porqué no son nuestras, pertenecen a la naturaleza o al espíritu o a lo divino.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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