En cierta ocasión, un gran y famoso profesor se dirigía andando hacia su casa después de haber impartido diversas clases. De las distintas rutas que podía elegir, ese día había optado por volver por la playa. Andando hubo algo que llamo su atención, en la playa había un niño que estaba construyendo un castillo de arena. El niño de forma esmerada, recogía la arena con las manos y a continuación la apisonaba firmemente, aunque con delicadeza, en el lugar apropiado, con sumo cuidado había construido torres y torretas, e incluso había colocado banderas en los parapetos; su creación era un acto de amor.

El profesor se sento en un banco a observarlo. Cuando el chiquillo hubo completado su impresionante obra de arte, se tumbo a descansar en la arena y aparentemente admiro el castillo durante unos instantes. El profesor conocía la emoción que se experimentaba en un momento así, después de una obra bien hecha. De repente el niño se levanto y tiró el castillo observando como las olas se llevaban cualquier vestigio de su obra recién concluida, el profesor quería gritarle al niño que se detuviera, que perdida!, porque tenia que destruir un logro así, su propia obra?.

Después de muchas dudas se decidió a preguntarle al niño: Dime, le interpeló, porqué estas jugando con la arena?.

No es lo que los niños hacen? conteste jovencito.

Me intriga una cosa, dijo el profesor: Porqué motivo has empleado tanto tiempo y esfuerzo en construir un castillo tan bien elaborado para luego, sencillamente derribarlo?. Habías creado un castillo casi perfecto y después lo has destruido, no queda ninguna prueba de tu obra.

Mis padres me han hecho la misma pregunta, confeso el niño.

Mi madre opina que los distintos granos de arena se pueden equiparar a cada uno de los aspectos de la humanidad; si se utilizan conjuntamente para construir una obra y luego se los moldea y se les da una determinada forma, pasan a constituir un conjunto que deviene más importante que cada una de las partes que lo componen. Ella dice que nuestra creatividad no tiene límites cuando trabajamos en equipo.

Mi padre dice que es una forma de aprender aspectos de la vida. Dice que nada es imperecedero. Los castillos de arena son un ejemplo. se crean y se destruyen, son efímeros. Representan nuestro viaje por la vida. Tanto la vida como los castillos son breves y temporales. Cuando nos damos cuanta de eso podemos empezar a disfrutar del tiempo de que disponemos.

Y para mi?, prosiguió diciendo el niño, para mi se trata simplemente de un juego. Tal vez ello tenga un significado o tal vez no. Me limito a disfrutar con lo que hago. Me gusta notar la calidez del sol sobre mi cuerpo, percibir el sonido de las olas y sentir el tacto de la arena. Sencillamente me lo paso bien.

El profesor se dio cuenta de lo mucho que podía aprender del pequeño. Se quitó los zapatos y a continuación los calcetines, después se subió las perneras de los pantalones. Se desprendió de la corbata y se sentó junto al niño. Me puedo quedar aquí?, preguntó, también me gustaría jugar.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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