La aparente contradicción entre los conceptos budista y occidental del «yo» en realidad pueden ser complementarios. El Buda enseña que en realidad no hay yo, sino una carencia de entidad personal;  mientras que la psicología occidental nos habla de la necesidad de construir una estructura del yo fuerte en una personalidad sana.

En la psicologia occidental el yo hace referencia a un cierto tipo de «equilibrio», de fuerza de la mente. Tener un yo fuertemente desarrollado es, en este sentido, esencial para nuestro bienestar básico y se inscribe en la linea de nuestra madurez mental y emocional. En otro sentido cuando el budismo nos habla de este concepto «yo» se refiere a una entidad inmutable a la que ocurre la experiencia, y al yo contrapone el conocimiento intuitivo: es ver con claridad y profundidad que todo en la mente y en el cuerpo forma parte de un proceso cambiante y que , detrás de eso, no hay nadie al que le esté sucediendo; el pensamiento es el pensador al margen del pensamiento mismo.

El proceso de desarrollo de una estructura fuerte para el ego y el ver la naturaleza sin entidad personal de la experiencia son cosas bastante complementarias, aunque puede parecer contradictorio. Al aprender a ver con claridad y a aceptar las diferentes partes de lo que somos, se desarrolla un sentido sano del yo; comprender la vacuidad del yo viene de no añadir la carga de la identificación con esas partes. Aceptarse es parte de la atención;  ser consciente significa que estamos dispuestos a experimentar todas las emociones, pensamientos, sensaciones y acontecimientos de la vida; esta aceptación crea una buena base de confianza porque sanamos la división interna, aprendiendo a estar con todo lo que viene en el paquete. Cuando desarrollamos la atención crece la aceptación en nosotros mismos en el más amplio sentido posible; aprendemos a aceptar la plenitud de nuestra experiencia tanto si es agradable como desagradable. Basándonos en esta experiencia podemos llegar entonces a una consciencia muy centrada para ver la naturaleza transitoria y momentánea de todas esas partes de nosotros mismos; podemos estar con ellas sin identificación y ver  que no pertenecen a nadie, que no son más que fenómenos transitorios, que aparecen y desaparecen.

Así la ausencia de una entidad personal nace de la propia aceptación personal. Una personalidad sana y una personalidad vacua no son contradictorias. El camino de meditación tiene que ver con comprender que un yo entendido como entidad inmutable es una ficción, una creación mental ilusoria. Para comprender esto necesitamos sin embargo de ese equilibrio al que se refiere la psicología occidental cuando habla de un yo fuerte; sin esas cualidades de equilibrio y fuerza de la mente es imposible ver la no existencia de un yo inmutable al que le sucede la experiencia. Así que podríamos decir de alguna manera que para renunciar al yo (ego) necesitamos desarrollarlo.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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