En el budismo tibetano se hace la analogía de la mirada del león. Ella puede sostenernos en el camino de nuestras meditaciones.

La enseñanza es que si lanzas un palo lejos de un perro, este va correr detrás del palo. Pero si lanzas un palo lejos de un león, este te perseguirá a ti. El león dirige la mirada al lanzador, no a lo lanzado. Todos tenemos mirada de perro; estamos todo el rato persiguiendo los palos que nos lanza nuestra propia mente. Siempre estamos corriendo tras los pensamientos  y emociones que no paran de salir de dentro. Nos dejamos seducir por las proyecciones de nuestras propias mentes que nos llevan a la no lucidez base de nuestro sufrimiento.

Con el fin de encontrar la esencia de las cosas tal como son, tenemos de mirar hacia la dirección correcta. Tenemos de mirar hacia dentro. Así como el león no tiene miedo en la selva, se requiere una mirada audaz para mirar profundamente dentro de la selva de nuestras propias mentes. Se necesita valor para mirar en la oscuridad, e incluso más agallas para entrar en ella. Por eso empezamos con una visión o mirada correcta, la del león. Si sabemos que en el otro extremo de la oscuridad de nuestra mente inconsciente se halla la luz, entraremos valientemente en esa noche auspiciosa, porque sabremos que nos estaremos dirigiendo hacia el amanecer.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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