El alma se entreteje de huellas de amor. La base del desarrollo es el desarrollo afectivo, y este se construye partiendo de las huellas que nos han dejado las personas con las que nos vinculamos. Somos lo que construimos partiendo de lo que hemos recibido de nuestros vínculos afectivos. Es como cocinar, los ingredientes nos los dan las personas que hemos querido, pero nosotros los cocinamos. Y cocinar nuestra vida no se puede delegar en otra persona. Hay gente que con los mismos ingredientes cocina platos deliciosos y otros solo logran comida de supervivencia.
Cada vinculo deja una huella única. Nadie más encaja en esa huella. Nadie puede sustituirla. Las personas podemos desaparecer, pero nuestra huella queda. Las relaciones se pueden romper, pero la huella vincular permanece. Por eso construir un vinculo es un privilegio, pero también es una responsabilidad. Porque si dejamos huella en el alma ajena la configuramos, la transformamos, la hacemos ser quien es.
No todos los vínculos son positivos para el desarrollo, algunos son dañinos. Pero siguen siendo vínculos. Igual de fuertes, igual de únicos. Un vinculo que da luz fluye y hace que las cosas sean fáciles. El que da oscuridad genera la sensación de dificultad y obstáculos permanentes. Un vinculo positivo nos abraza cuando tenemos miedo y nos sostiene en silencio en el dolor. Pero también se alegra con nuestra alegría, incluso cuando ese motivo de alegría nos lleve a tomar decisiones que nos supongan tomar caminos diferentes.
Un vinculo que nos quiere bien lleva a expandir nuestra red de amor. Un vinculo que nos quiere mal nos aísla desde el engaño, la idealización o la amenaza, dependiendo del caso. Un buen vinculo ha de ser reciproco. Un vinculo dañino se mantiene sin ser correspondido.
Si seguimos pensando que solo los vínculos que hacen bien son vínculos no entendemos el dolor del mundo. Diferenciar “querer bien” de “querer mal” es mucho más difícil, pero es imprescindible para aprender a protegerse y proteger. Y luego está la complejidad y maravilla de la vida; porque cada nuevo vinculo deja huella, cada nueva huella cambia nuestra alma. Cada nueva huella es una oportunidad de comenzar de nuevo, de flexibilizar nuestros modelos afectivos, de mirar de forma diferente. Hay que saber elegir, y hacerlo desde la consciencia y el autocuidado, no desde la moral ni la deuda.