Creer en los poderes superiores de la consciencia conduce a afirmar: “soy yo quién vive”. A partir del momento en que reconocemos la instancia de la psique transconsciente, esta pretensión y esta segregación son abolidas: es ella la que me vive, mi ego no es más que una parte de ella y ella es la totalidad que puedo encontrar, no para confundirme con ella, sino para insertarme en el proceso de individuación. Este proceso es el clímax de la actividad de esta psique que vive.

D.T. Suzuki, gran importador del budismo Zen, en su psicologia de la pasividad ya habla de que la supresión del yo no equivale a su completa aniquilación, sino a su disposición perfecta para acoger en sí un poder superior. La puerta a esta instancia es el reconocimiento del inconsciente como fuerza activa. Si el inconsciente ha podido ser vivido de tal manera que sus exigencias tengan que ser admitidas junto a las exigencias conscientes, entonces el centro de gravitación de la personalidad completa deja de ser el yo, que es el mero centro de la consciencia, para convertirse en ese espacio virtual entre consciente y lo inconsciente, que se podría denominar “sí mismo” (como también propugna C,G Jung).

Jung, en este sentido, habla de anima-animus (podría entenderse alma) como arquetipo personificado del inconsciente, este se vendría fraguando en su aspecto interior en nuestros sueños, fantasías y visiones; y en su aspecto exterior sobre las personas en quien proyectamos. Estamos hablando aquí del proceso de integración de ambos aspectos como el trabajo primordial hacia el sí mismo.

El estado en el que la Consciencia està separada de la Vida, corresponde a lo que Jung describe como desprendimiento o desarraigo de la consciencia. Un proceso de conversión (desde el principio) motivará la reunión de la consciencia con las leyes intimas de la Vida representada por el inconsciente, y, a la postre, una realización de Vida consciente. Para que se produzca esta re-unión, es necesaria cierta cantidad de calor; la intensificación del nivel de Consciencia  permite iluminar la morada del espíritu.

 

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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