La soledad puede ser el resultado de una actitud según la cual la comunidad es algo que lo recibe a uno. Muchas personas esperan que los miembros de una comunidad las inviten a entrar en ella, y mientras eso no pasa siguen solas. Pero “pertenecer” a una comunidad es un verbo activo, algo que hacemos positivamente. Una persona oprimida por la soledad puede salir al mundo y empezar a pertenecer a él, no uniéndose a organizaciones, sino viviendo el sentimiento de estar relacionada: con otras personas, con la naturaleza, con la sociedad, con el mundo entero. Al dejar margen a los sentimientos, a veces vulnerables, que implica el hecho de estar relacionada, el alma se derrama en la vida y no tiene que insistir sintomáticamente en sí misma.
La comunidad exterior florece cuando estamos en contacto con las personas internas que pueblan nuestros sueños y nuestros pensamientos. Para superar la soledad podríamos considerar la posibilidad de liberar en la vida a estas figuras internas: la que canta, la que maldice coléricamente, la más sensual, la más crítica e incluso la que está más necesitada. “Admitir» quien soy es admitir en la vida a estas figuras, de modo que la comunidad interior sirva como punto de partida del sentimiento de pertenencia a la vida.
Yo “recuerdo” a personas que encuentro por primera vez porque estoy en contacto con el mundo arquetípico de mi imaginación, y sobre ese conocimiento de mí mismo puedo amar a cualquiera que conozca y, a mi vez, ser amado. Las raíces de la comunidad son inconmensurablemente profundas, y el proceso de pertenencia, en cuanto trata activamente con la soledad, comienza en la profundidad del alma.
El amor mantiene al alma en la senda del destino, y a la conciencia al borde de la infinitud que es el alcance del alma. Al reconocer la importancia del amor para el alma, nuestros amores humanos se ennoblecen más allá de toda medida. Esta familia, este amigo, este amante, esta pareja manifiestan la fuerza motivadora de la vida misma, y son la fuente de amor que mantiene el alma viva y plena.
No hay otro camino hacia el amor divino que el que pasa por el descubrimiento de la intimidad y la comunidad humana, ya que se alimentan mutuamente. En momentos de dificultad, puede ayudarnos recordar que el amor no tiene que ver solamente con la relación, sino que es también asunto del alma. Las desilusiones en el amor, las traiciones, las pérdidas, sirven al alma en el momento mismo en que en la vida parecen ser tragedias. El alma está parte en el tiempo parte en la eternidad. Podríamos recordar la parte que reside en la eternidad cada vez que sentimos desesperación por la parte que está en la vida.