Siguiendo también a Meister Eckhart y sus reflexiones podemos asimilar sus postulados Cristianos al Budismo (que tiene al desapego como pilar fundamental)

El Desapego sobrepasa a todas las demás virtudes, a este respecto:

Eckhart elogia al desapego por encima del amor: En primer lugar, el amor me obliga a amar a Dios (la intuición de lo incognoscible), pero el desapego coerce a Dios a amarme a mí ya que el lugar natural de Dios es la unidad y la pureza, y ambas emanan del desapego, por tanto Dios está forzado a darse a Sí mismo al corazón desasido. En segundo lugar, el amor me obliga a sobrellevar todas las cosas por amor a Dios, mientras que el desapego me hace recibir la Divinidad únicamente, convirtiéndome en receptáculo solo de Dios (lo que sea que uno fuera a recibir, debe albergarlo en algún lugar. Pero ya que el desapego es tan casi nada, no existe nada suficientemente sutil como para mantenerse en él, excepto Dios. Es tan puro y sutil que Dios puede asentarse en el corazón libre de apegos).

Asimismo Eckhart glorifica el desapego sobre la humildad: puede existir humildad sin desapego, pero el desapego perfecto no puede existir sin perfecta humildad, ya que la humildad termina en la destrucción del “yo”. Ninguna acción de salir hacia fuera puede ser tan noble como permanecer estable y quieto en la nobleza misma. Al perfecto desapego no le incumbe hallarse por encima o por debajo de las criaturas, desea permanecer solo, solo desea Ser. Quien desee ser esto o aquello quiere ser algo, mientras que por el contrario, el desapego no quiere ser nada.

Por último, Eckhart ensalza el desapego sobre la compasión: porque la misericordia no es otra cosa que la persona saliendo de sí por causa de las carencias del prójimo y, como consecuencia, el corazón del hombre se inquieta. El desapego está libre de todo, permanece firme en sí y nada le importuna, dejando a la persona en su estado apropiado.

El verdadero desapego no es otra cosa que la mente permaneciendo inafectada por todos los accidentes temporales  (el gozo y la pena, el honor y deshonor, fortuna y desgracia…) mientras ella (la mente) continua como una montaña de plomo, imposible de mover por el viento más violento. El desapego atrae al hombre hacia la pureza, de la pureza hacia la sencillez y la humildad, y de ahí hacia la inmutabilidad. Este proceso de similitud con Dios debe provenir de la gracia, puesto que la gracia arranca al hombre de las cosas temporales y lo purga de lo transitorio. Permanecer vacío equivale a estar pleno de Divinidad.

 

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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