Siempre queremos aprender del exterior, absorbiendo el conocimiento de los demás. Así es más seguro. El problema es que en este caso se trata siempre de un conocimiento ajeno. Ya tenemos todo lo que necesitamos saber en la oscuridad de nuestro interior. El anhelo es lo que nos da la vuelta hasta que encontramos el sol, la luna y las estrellas en nuestro interior.

En el mundo moderno, la repetición y la inocencia van de la mano. La sofisticación es la virtud más elevada: la búsqueda de la variedad interminable, de las maneras de dispersar nuestros anhelos en entretenimientos y distracciones, en cosas distintas que hacer y decir. Incluso los intentos que hacemos por mejorar, ser más sabios o más interesantes o tener más éxito son sólo métodos para huir corriendo del vacío que todos llevamos dentro.

Así pues, lo entendemos todo al revés y confundimos sofisticación con madurez, y casi no nos damos cuenta de que no hay nada más repetitivo que el deseo de variedad.

Es necesaria una tremenda concentración, una inmensa intensidad para romper la pared de apariencias que nos rodea y que tomamos por realidad. La mayoría de gente pinta esa pared de distintos colores y piensa que es libre. Pero lo extraordinario es que lo más importante que necesitamos para ser libres está ya dentro de nosotros: nuestro anhelo. Y la voz de nuestro anhelo es la repetición, que llama insistentemente a lo que está más allá de todo lo que conocemos o entendemos.

Para empezar, puede parecer un desafío no dejarse distraer ni dejarse llevar a diestro y siniestro, sino seguir una línea de total simplicidad que puede conducirnos a otro mundo. Las apariencias parecen dirigidas contra nosotros, y para asirnos sólo tenemos la repetición insistente de nuestro anhelo. pero después sucede algo muy sutil.

Cuando uno empieza a ser arrastrado más allá de las apariencias, empieza a tocar la esencia de la existencia, a descubrir otra realidad tras los bastidores.  Y no puede seguir juzgando las cosas por su aspecto.

Empieza a ver los principios subyacentes tras los acontecimientos, las pautas básicas que se repiten una y otra vez, y la repetición empieza a mostrarse en todo. Las apariencias, en lugar de ser un obstáculo, ayudan en el viaje. Y todo empieza a hablar con la voz del anhelo.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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