Lo mejor que puede hacer la mente finita es concebir la eternidad como el «momento presente«. La idea de un momento presente es el intento que la mente finita hace por acomodar lo eterno dentro de su estrecho ámbito y reconciliar su creencia en el tiempo con la experiencia de la eternidad.
Como tal, el momento presente es el lugar donde se cruzan lo finito y lo infinito. Es el lugar donde la línea horizontal del tiempo y la dimensión vertical de la eternidad se tocan, lo cual queda simbolizado en la cruz. Por esta razón, el momento presente se considera un portal a través del cual la mente puede pasar del tiempo a la eternidad.
Toda experiencia tiene lugar “aquí”. Nunca encontramos el lugar que llamamos “ahí”, porque en cuanto llegamos “ahí” siempre sigue siendo “aquí”. La experiencia “yo soy” siempre tiene lugar aquí y ahora, pero no “aquí” como un lugar en el espacio, o “ahora” como un momento en el tiempo, sino aquí y ahora, en el lugar sin lugar donde yo, el ser infinito, soy eternamente.
Al igual que ocurre con el ahora, la idea de “aquí” es donde lo finito y lo infinito intersecan. Para la mente, “aquí” es un lugar en el espacio; para el uno, el mismo “aquí” es su propia presencia sin dimensiones, el lugar sin lugar donde “yo soy”, donde Dios es.