Gran parte de la actividad de la mente está diseñada para evitar sentir. Por ejemplo, cualquier forma de pensamiento repetitivo compulsivo suele ser un signo de que justo bajo su superficie yace un incómodo pozo de sentimientos.

Tarde o temprano estos sentimientos incómodos empiezan a filtrarse a través de estrategias y mecanismos de adaptación que la mente ha construido.

El primer impulso suele ser escapar de ellos a través del pensamiento y la actividad; de esta manera el ciclo de búsqueda se regenera una y otra vez.

Sin embargo, cada vez que la búsqueda llega a su fin por medio de la Comprensión, cortamos una de las vías de escape de la mente.

Como resultado, cuando vuelven a aparecer sentimientos incómodos vemos que cada vez hay menos posibilidades de negarlos o evitarlos.

Ya no escapamos de estos sentimientos. ahora tenemos el coraje necesario para hacerles frente. Ni les hacemos nada ni hacemos nada con ellos y, por la misma razón, tampoco los negamos, no los evitamos ni reprimimos.

El impulso de escapar de ellos a través del pensamiento sigue apareciendo, pero ahora vemos que el impulso en sí mismo no es más que otro sentimiento incómodo.

Tarde o temprano aparece la profunda convicción de que es imposible escapar de estos sentimientos, de que no se pueden evitar, manipular o pasar por alto. Tampoco tiene por qué ser posible. Y con esta convicción surge el coraje para enfrentarlos. Simplemente les permitimos ser.

La Apertura, la Sensibilidad, la Vulnerabilidad y la Disponibilidad que la Conciencia es, que nosotros somos, es en sí misma el hecho de permitirlo todo.

Este coraje y esta apertura para hacer frente a nuestros sentimientos es una invitación a que emerjan a la superficie capas de sentimiento cada vez más y más profundas.

Por esta razón, al principio el camino espiritual no siempre parece ser pacifico. Muchas veces conlleva un aumento aparente en los niveles de desasosiego, incomodidad y agitación.

Sin embargo, eso no es más que una interpretación errónea de lo que esta ocurriendo realmente. No es que se estén generando nuevas capas de malestar e intranquilidad, sino que estan saliendo a la luz antiguos hábitos y formas de sentir.

En un primer momento estos sentimientos ocupan toda nuestra atención, parecen consumirlo todo. Sin embargo, como el impulso de evitarlos es cada vez menor, el espacio abierto que les acoge y en el que se les permite ser, sin juzgarlos, sin ningún sesgo a favor ni en contra, va siendo cada vez más notorio.

El espacio acogedor de nuestra Conciencia (que antes parecía estar en un segundo plano o incluso estar completamente eclipsada por estos sentimientos que lo todo lo devoran) empieza a emerger, con lo que los sentimientos comienzan a retroceder.

En realidad no retroceden. Desprovistos de los comentarios mentales que antes les conferían significado y validez, se experimentan cada vez más como sensaciones corporales inocuas.

Así pierden su capacidad para angustiarnos, quedan neutralizados, pero no porque les hayamos hecho nada, sino simplemente porque los hemos visto como lo que son.

Incluso decir que son sensaciones corporales es demasiado. Si los exploramos de la misma manera que exploramos cualquier otro objeto, descubrimos que su misma sustancia es la sustancia de la Presencia abierta y acogedora en la que aparecen.

No tienen ningún poder de separación. No hay sufrimiento en ellos.

Estas sensaciones son como gotas de leche en una jarra de agua, corrientes que se extienden por el océano de nuestro Ser.

Categorías de artículos

santi-perich-psicologo-sabadell

Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

Leave A Comment