Se cuenta que un gran maestro encontró a un caminante que deseaba que Dios le mostrase el camino de la verdad. Y como tenia tan gran deseo, el maestro le dijo: “dirígete a la Iglesia, allí encontrarás a un hombre que te ha de enseñar el camino de la verdad”. Él fue y encontró a un hombre pobre, con los pies destrozados y embarrados: todos sus vestidos apenas valían tres monedas.

El caminante le saludó y le dijo:”que Dios te de un buen día!”; el hombre respondió ”nunca he tenido un mal día!”. Él le dijo “que Dios te de fortuna!”; y le respondió: “Jamás he tenido infortunio!”. Pero él insistió:”que seas Bienaventurado!”, el hombre respondió: “nunca he sido desventurado!”… .

El caminante le pidió que le explicase todo eso, a lo que el hombre accedió diciéndole: Si tengo hambre alabo a Dios; si tengo frio, alabo a Dios; si soy miserable y estoy en el oprobio, alabo a Dios, es por eso que nunca he tenido un mal día. Lo que Dios me ha dado o dispuesto en mí, sea agradable o penoso, amargo o dulce, lo he recibido de Dios como lo mejor: por eso no he sido nunca infeliz. He dispuesto mi voluntad en la voluntad de Dios de forma absoluta: lo que Dios quiere también lo quiero yo y por eso nunca he sido desventurado, pues sólo he querido la voluntad de Dios.

El caminante entonces le dijo: “ah, buen hombre!, si Dios te quisiera echar al infierno, que podrías decir a eso?”. Entonces el hombre le dijo: «Se lo reprocharía!, pero aún así, tengo dos brazos para presionarle.Un brazo es la verdadera humildad que le pondría por debajo y (entonces) le rodearía con el brazo del amor”. El hombre añadió: “Prefiero estar en el infierno y tener a Dios que en el reino de los cielos y no tener a Dios”.

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Santi Perich

Psicólogo Col.12669 con una consulta situada en el centro de Sabadell.

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