Según Campbell la función psicológica de la mitologia consiste en iniciar al individuo en el orden de realidades de su propia psique, guiándole hacia su propio enriquecimiento y realización espiritual.
En este sentido, los dioses olímpicos por ejemplo se los puede asimilar con los poderes reales de la vida, fuerzas motivadoras que aún permanecen activas. En su sentido simbólico, los dioses son tan relevantes en la actualidad como lo eran en épocas antiguas, porque representan las fuerzas vitales, los centros creativos y los principios dinámicos de la psique humana.
Siguiendo a Campbell, los dioses eran personificaciones de los poderes de la naturaleza y de las energías que experimentaba el cuerpo humano, como la fuerza del deseo, la motivación y la voluntad, el instinto y el impulso, el pensamiento, el sentimiento y la intuición. Además, eran personificaciones de principios universales trascendentes: amor, belleza, fuerza, sabiduría, verdad, sobrecogimiento, terror, libertad etc. La interacción entre los dioses narrada en los mitos representa los conflictos entre estos principios universales y los diferentes impulsos humanos, son maneras de reconciliar esos conflictos; la adoración a los dioses era una forma de reconocer las diversas potencias vitales para integrarlas en la estructura de la vida humana.
La suposición moderna de que somos seres racionales autodeterminados, dueños de nuestro destino, armados con el libre albedrío y con el poder de modelar nuestra vida a nuestro antojo, crea una postura psicológica en la que nos aislamos y alienamos de los dioses. Vivimos ignorantes de su poder, y los dioses, invisibles e irreconocibles, se trasforman en fuerzas peligrosas y destructivas. En la actualidad, como han puesto de relieve muchos psicólogos destacados (Jung, Hillman…), tenemos nuevos dioses, o más bien invocamos a los viejos con nombres nuevos: obsesiones, compulsiones, neurosis, manías, depresiones, pulsiones y complejos, síntomas de enfermedad, idiosincrasias y excentricidades. Los dioses, a los que ya no reconocemos, han asumido connotaciones negativas y son vistos como intrusiones indeseadas que trastornan nuestros planes e intenciones conscientes. Un daimon (divinidad que interviene en el destino) debía ser respetado y un dios adorado, pero una obsesión debe ser controlada, una neurosis corregida y una depresión prevenida a toda costa.
En nuestra época, una nueva perspectiva mítica, debería proporcionarnos una forma de reconocer conscientemente los poderes que antaño representaban los dioses y de relacionarnos de manera constructiva con ellos. Necesitamos un sistema de orientación psicológica mediante el cual podamos reconciliarnos con las poderosas fuerzas inconscientes de la psique. Para iniciarnos en el “orden de realidades” de la psique, necesitamos comprender qué es este orden interior y cómo estamos relacionados con él. Precisamos de un mapa de este dominio para orientarnos y dirigirnos hacia nuestro enriquecimiento y realización espiritual.